lunes, 31 de mayo de 2010

Teddy nuestro de cada día...


Ahí está… casi cubierto por los cojines y sábanas. Una puede estar todo el día trajinando a su alrededor sin notarlo. Incluso dormir a su lado y no sentirlo. Pero si giras en ti, cambias la posición durmiente o te lanzas cansada al colchón, recién llegada del trabajo… sientes su pequeño cuerpecito, como si fuera un par de medias dobladas o un bultico de ropa interior olvidada. “I love you”… te dice… “I love you” te repite… y si quisieras oírlo decirte de nuevo “I love you”, te lo dirá dos veces más al apretujarlo levemente. A veces me llega su amor mecánico cuando más angustiada estoy y busco refugio en las almohadas. Ahí está, fiel, para recibir todo el peso de mi cuerpo y decirme dos veces… que me ama. Es efectivamente abrazable para tardes de gorriones, memorias oxidadas, llantos rabiosos.

Ha perdido su corazoncito de tela de tantos estrujones accidentales y no tan accidentales, caídas de la cama y de lanzamientos deportivos hacia el closet, cuando sobra en una cama generalmente ocupada por dos. Sin embargo sigue saliendo su vocecita de bebé oso de la mágica caja que tiene en su interior. Me pregunto ¿qué pasará cuando su estela de amor se agote con tanta demanda?

Pienso que seguirá siendo abrazable...

...y entonces yo misma me diré mientras lo presiono a mi pecho… dos veces… “I love you”.

viernes, 7 de mayo de 2010

Doncella pálida...


Geisha, que en japonés significa artista, o persona de las artes, comenzaba su entrenamiento desde los 13 o 14 años. En el siglo XVIII era común que las familias pobres vendieran a sus hijas a una okiya o casa de geishas, donde si tenian el talento y la gracia necesaria, serian convertidas en aprendices de geisha o maiko.
Entre las habilidades obligatorias de una geisha estaban: la música, la poesía, el ikebana (arte floral), el chanoyu (la ancestral ceremonia del té), el juego de los inciensos, sin olvidar la caligrafía. En el rito de iniciación de una nueva geisha, se les paseaba lujosamente vestidas por las calles de la ciudad, durante 5 dias. Despues comenzarian sus presentaciones en fiestas y eventos importantes donde se requiriera de sus dotes de entretenimiento.
Sus habilidades tambien consistian en el buen manejo de los gestos. Bajar los ojos, luceros que refulgían sobre la piel intensamente blanca, una inclinación de la nuca, dejando ver la parte de la espalda que no está maquillada como incitación al placer prohibido. Manos pequeñas y fragiles que reposan sobre la seda brillante de sus complicados y floridos kimonos.
Brindar favores sexuales no era objetivo fundamental de estas muchachas con nombres de flor, incluso podian rechazar o aceptar alguna invitación de sus clientes. Pero siendo prácticamente un objeto propiedad de la dueña de okiya (una geisha retirada) debian encontrar un danna, o protector (siempre alguien rico o con poderes) que ayudara pagara su deuda (kimonos y peinados... no eran baratos) a cambio de entregarle su virginidad y ser su amante de por vida.
Aparentemente vivian una vida de fiesta en fiesta, pero era un trabajo realmente agotador, debian estar siempre dispuestas a cualquier invitación formal. Vestir lujosos kimonos, maquillarse estoicamente y mantener peinados complicados, hiciera frio o calor.
El amor... definitivamente prohibido. Las geishas que no encontraban un danna en su juventud, caian en desgracia y algunas debian prostituirse.

... muchacha de tez blanca,
boca de rosa sangrante,
manos cual palomas dormidas,
cuántas veces lloraste tu hogar paterno
mientras sonreías tímida
y tocabas el chamizen
hasta que se vaciaran todas las botellas de sake
Piel de melocoton bajo la seda negra
que envuelve tu frágil figura
Nombre olvidado, nombre nuevo
que suena a trino, que huele a flor
flor del cerezo... protégela.